Cuatro espacios, dos sillas
son así los ojos tu piel tanto amarilla como bronceada
tres amigas que te seden el espacio
Heidelberg.
Todo el espacio dispuesto, el aroma al Café
la miel, la mermelada, las ganas de besarnos,
el pan blanco.
Te acercas a buscarlo, lentamente fuiste casada por mis ojos
el infinito, la altura, mi pensamiento,
la tinta negra, el agua.
Si supieras que me acercaría mas a ti,
de saber el tiempo que tomaría esa mañana tu cintura,
expresso doble, azúcar.
Tomaste el Pan, apesar de que tu corazón te contradecía,
tu juventud siempre lo llamó
cantó detrás de las cestas, caminó junto a la barra
la bebí, la guardé, la pienso.
De haber conocido tus labios, no te hubiera besado,
carnosos, tibios, inolvidables,
nacidos de las nueve de la mañana y de tus escaleras,
de las paredes terracotas de tus pasillos.
Tu pasión por las letras, parte de tus colores naranjas
el piano, tus amarillos del Neckar,
tantas fueron las horas hablando de Filosofía,
que pocos instantes el río detuvo algunas vez el tiempo.
El verano, dos tés, menta, el aire.
Dos, tres, y golpe de media tocaron las campanas,
tiempo de volver a la lectura, de pagar el Café,
tu pan blanco, del sur, de tus tierras
la miel nuevamente, el verano,
la biblioteca, nuestros libros.
De saberte, te mostraría mis escritos
como te conosco sólo permití de tí mi cuerpo.
Bajo el sonido de las escalaras lo caminaste,
caminando mis relatos verdes, los rojos también.
Te guié junto al fuego,
fuego de tus ganas de ver el mundo, las culturas,
esas que forman parte de mi sudor, mis ideas, mis dibujos.
Hoy, el sol nos despidió después de hacer el amor,
un poco fue el destino de las historias,
la misma hora de donde viene tus labios
de aves de mar, de río.
Las canciones de Strauß salieron del bosque y de tu piano este mediodía,
nuestros momentos al cantar
nuestra música durante el viaje a Trier,
Luxemburgo, tres fronteras, dos días.
El horizonte está solo junto a ti,
pues de saberte juntaría la miel en mi pan,
volvería en cualquier momento a tu juventud,
en Londres como me invitas
en Heidelberg donde nos amamos,
del mar donde vivimos.
Siempre de ti, siempre por ti,
en raíces profundas de tu alma joven,
de Valerie, inasible hora de mi mañana
mediodía de la espera,
pensamiento, escritura y música,
tierra.
Heidelberg, Junio 2016